La historia de una compañía generalmente la escriben una o varias personas, en el caso de Rectificaciones Avellaneda, la historia personal de Filiberto Braida lleva ilustrada la gesta de la empresa de su propiedad.

   Sus padres eran productores agropecuarios, sembraban algodón y araban la tierra con caballos y bueyes. Luego compraron su primer tractor cuya marca era Setor. Desde pequeño le gustaban los fierros y deseaba estudiar mecánica pero su condición económica lo imposibilitaba.

   A los 19 años migró del campo a la ciudad de Avellaneda, con lo puesto, a trabajar de mecánico en una empresa propiedad de Oscar Cantero situada en la ciudad de Reconquista, que además comercializaba tractores Fart. Filiberto se alojaba en un galpón y se movilizaba al trabajo caminando, ya que no disponía de recursos para el colectivo y mucho menos para adquirir una bicicleta. Su almuerzo era “alguna cosita en la plaza 25 de mayo”. Casi todos los días por la noche cuando regresaba de lo de Cantero, trabajaba hasta alrededor de las 2 de la mañana con su primo que tenia un pequeño taller, el cual era una planta de loto.

   Después de unos años dejo de trabajar en el taller de Cantero en pos de seguir con su taller propio debajo de la planta de loto. Así fueron progresando  junto a su primo e hicieron un taller en calle 1 nº 542 de la ciudad de Avellaneda. Luego trabajaron unos años y con el tiempo se separaron. Posteriormente, Filiberto monto su empredimiento de compra y venta de tractores en el terreno donde actualmente se encuentra su empresa. Fue allí donde la concesionaria de John Deere de Del Sotto y Petean le ofreció comercializar tractores nuevos y usados, ellos fueron los que les enseñaron los secretos del ramo, a los cuales Braida agradece de todo corazón. Unos años más tarde Del Sotto y Petean dejan de ser concesionarios. Fue allí cuando Construcciones Metalurgicas Zanello le ofrece a Braida la concesión de venta de tractores Zanello.

   Después de varios años trabajando con Zanello con un excelente posicionamiento comercial viene la gran crisis del campo y esta firma fabricante de tractores se vio afectada por una gran merma en las ventas y la misma repercución vivían los concesionarios, es ahí cuando Braida tomo la decisión de comprar un taller de rectificaciones. Junto con esta inversión también se adquirió un importante capital humano, los cuales fueron el Jefe de taller Eugenio Perez y Subjefe de taller Hernesto Ferreira, estas personas fueron las que capacitaron a todo el personal. Rápidamente la rectificadora tomo un excelente posicionamiento en el mercado en este nuevo rubro. Es en ese momento cuando se solicito la concesión oficial de MotoresCummins. Dicha solicitud fue aprobada por la empresa Motores Cummins y hasta actualidad se sigue insertos en el ramo, también con muy buen posicionamiento en el mercado. Este nuevo lanzamiento comercial requirió de la ampliación edilicia de un taller mecánico adecuado para la reparación y servicio de los Motores Cummins. 

   Luego en el 2002 vino la gran crisis económica la cual sacudió al país haciendo caer muchas empresas nacionales, entre ellas Zanello. Dios aprieta pero no ahorca, reza el dicho popular. Y, como siempre, la vida da oportunidades. Esta vez no iba a ser la excepción. Tal como lo relata el libro de la historia de Pauny, Filiberto Braida les comunico a los directivos de la empresa que había quedado en su poder un tractor 250 DT.  Inmediatamente les propuso que lo usaran como prototipo para hacer mejoras del modelo. Y puso como condición que se lo devolviesen como si fuera un nuevo modelo si se reactivaba nuevamente la fabrica, de lo contrario estaba dispuesto a perder el tractor.
Braida sostenía su convencimiento ante la decisión tomada, manifestando que le provocaba mucha tristeza ver a gente amiga, a familias enteras, que no tenían qué comer en Las Varillas. Veía las ollas populares y eso le generaba una profunda pena. Aseguró que cuando le ofreció el tractor a José María López, lo hizo con la convicción de que el proyecto iba a caminar.

   Finalmente, ese tractor llegó a la fábrica. Sin embargo, lo único que había en la planta eran telarañas. No había acero, ni palieres, ni forja, estaba todo cerrado.
   El desafío inicial era poder demostrar que sabían y podían hacer tractores, que estaban capacitados para mejorar la calidad y sostener el producto. Entonces trabajaron sobre aquel tractor, la reformularon y lo vendieron a un concesionario de la provincia del Chaco, don Julio Schuening, quien automáticamente compró dos tractores más. Él les proveyó el motor y en la fábrica se trabajó sobre el resto.

   Todavía esta en el recuerdo el día en que vendieron aquel primer tractor. Una vez concretada la operación, lo cargaron en un camión para trasladarlo, y los mismos empleados custodiaron el transporte hasta la ciudad de San Francisco. El temor a que sucediera algo, que frustara la venta, los seguís invadiendo. La trascendencia de lo que estaban haciendo superaba todas las expectativas. Era nada más y nada menos que la venta del primer tractor tras la apertura de la fábrica. Esta operación reactivó la marcha.

   En la actualidad, estamos muy orgullosos por nuestras tareas realizadas. Todo este logro es gracias al apoyo a la gente de Pauny, a la gente de Motores Cummins, a nuestra gente y a nuestros clientes.

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